La desprincesa Sukimuki y su
marido el despríncipe Kinoto salieron al campo abierto donde corría un arroyo. Comieron frutas de los árboles, hojas frescas de berro, se bañaron. Llegando
el atardecer, cansados de tanto caminar, correr, saltar libres como las mariposas, encontraron un hueco entre las piedras, muy alegres juntaron hojas secas y
se acostaron a dormir exhaustos y felices de no tener quien les ordene nada y
tampoco dar órdenes...
Por Cristina Gil
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