sábado, 11 de noviembre de 2017




La desprincesa Sukimuki y su marido el príncipe Kinoto se casaron y se fueron del palacio a una estancia muy grande y cómoda. Ella todas las mañanas iba con su esposo a caminar por los campos de la estancia que tenía árboles de manzana, durazno, naranjas. Disfrutaban de su libertad, porque no tenían que cumplir órdenes de nadie. Eran muy felices, almorzaban a orillas del río y dormían la siesta en el pasto suave y verdoso. Así transcurrían sus días.

Por Mónica Aranda





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