sábado, 4 de noviembre de 2017




Por Ángela Gutiérrez
Tema: “El mate”

El mate me remonta a los tiempos en que era una niña, que observaba con curiosidad ese pequeño recipiente que iba de acá para allá en casa entre mis padres y que parecía darles mucho gusto, pues en varias horas del día, se los veía tomando algo que tanto me intrigaba.
Cuando venían visitas, lo primero, que se movilizaba era el mate y la yerbera -dos tarritos unidos por una manijita- donde se ponía la yerba y el azúcar. La pava era la reina de este ritual y siempre estaba en el fuego lista para servir… 
Mientras los grandes tomaban sus ricos mates, con mis hermanos, primos y amiguitas, jugábamos con un mate de plástico y le dábamos a las muñecas.
Hasta que llegó el día en el que me permitieron degustar está infusión, con la prudencia del caso, cuidando de la temperatura del agua y de la bombilla.
Quedé muy emocionada por compartir esta hermosa costumbre.
Hoy considero que el mate es el mejor de los pretextos, para reunirse con amigos y familiares.
Es infaltable entre los estudiantes y el fiel compañero de las personas que por circunstancias de la vida están solas.
Todo esto y más me hace pensar en el mate, que aparte de ser una tradición, tiene una importante historia y la elaboración de su principal componente, tiene un largo y sacrificado proceso.

Tal vez, por eso, se sigue consumiendo cada vez más. Va pasando como herencia de generación en generación la costumbre de hacerse unos ricos mates, sean amargos, dulces con yuyito o con lo que te guste, para tomarlos como quieras y con quién sea, cualquiera sea el motivo, vale la pena.





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