lunes, 20 de noviembre de 2017




Cuando cumplí cinco años mi padre me regaló una hermosa muñeca, tan grande… Hasta me parecía que era como yo. La llamé Silvia, tenía un vestido de terciopelo rojo y zapatos blancos. Siempre que jugaba con ella me ponía mi vestido rojo, mientras mi madre lavaba en la batea debajo un eucalipto, cantando como era su costumbre, yo acomodaba apoyada al árbol un cajón donde paraba a mi Silvia como si fuera un escenario, también acomodaba dos ladrillos de asientos y cantaba, pensaba que mi muñeca Silvia con su vestido de terciopelo rojo cantaba en un gran teatro…

Cristina Gil







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