Cuando cumplí cinco años mi padre
me regaló una hermosa muñeca, tan grande… Hasta me parecía que era como yo. La
llamé Silvia, tenía un vestido de terciopelo rojo y zapatos blancos. Siempre
que jugaba con ella me ponía mi vestido rojo, mientras mi madre lavaba en la
batea debajo un eucalipto, cantando como era su costumbre, yo acomodaba apoyada
al árbol un cajón donde paraba a mi Silvia como si fuera un escenario, también
acomodaba dos ladrillos de asientos y cantaba, pensaba que mi muñeca Silvia con
su vestido de terciopelo rojo cantaba en un gran teatro…
Cristina Gil
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