viernes, 3 de noviembre de 2017

El electricista
de Eduardo Galeano 

Andaba en bicicleta, con la escalera al hombro, por los caminos de la pampa infinita. Bautista Riolfo era electricista y también todero, arreglador de todo, motores y relojes, molinos, radios, escopetas, lo que fuera: según se decía, la joroba que tenía en la espalda le había salido de tanto agacharse hurgando máquinas y maquinitas.
René Favaloro, el único médico de la comarca, también era todero. Con los pocos instrumentos que tenía y los remedios que encontraba, oficiaba de cirujano, partero, psiquiatra o especialista en lo que se necesitara componer.
Con la ayuda de todos los vecinos, cercanos y distantes, René pudo fundar una clínica comunitaria. Y con la ayuda de Bautista, pudo instalar el primer equipo de rayos X que hubo en toda la región.
Junto con esa máquina de radiografías, René compró también, en Bahía Blanca, una máquina de música: un tocadiscos holandés, a pagar en cómodas cuotas cuandopuedarias. En aquellas soledades de la pampa, habitadas por el viento y el polvo y muy poquita gente, la música era una compañera imprescindible.
Pero el tocadiscos tenía sus mañas, y en un par de meses se negó a seguir funcionando. Y ahí vino Bautista, en su bicicleta. Sentado en el suelo, se rascó la barba, investigó, soldó unos cablecitos, ajustó tornillos y arandelas:
-A ver ahora -dijo.
Para probar el aparato, René eligió un disco, la Novena de Beethoven, y colocó la púa en su movimiento preferido.
Y se desató la música. La poderosa música invadió la casa y se echó a volar por la ventana abierta, hacia la noche, hacia el desierto; y siguió viva en el aire después de que el disco dejó de girar.
Cuando el silencio volvió, René comentó algo, o algo preguntó, pero Bautista no contestó nada.

Bautista tenía la cara escondida entre las manos. Y un largo rato pasó, hasta que por fin levantó la cara mojada. Y entonces aquel electricista consiguió decir: -Perdone, don René. Pero yo no sabía que esa... esa electricidad existía en el mundo.


Actividad: describir qué es un todero e inventar un ejemplo.



Oda a la “REMOLACHA” 
por Adriana Rolando

Creces en grupo.
Tu suerte será
La de tus hermanas
Irremediablemente.

Pródiga y Generosa.
No sólo brindas alimento
en la superficie de la tierra
sino en las entrañas de la misma.

Invitas a  realizar
diferentes comidas:
Tus hojas nos regalan
gratuitas ensaladas
mientras tu corazón
crudo o cocido
carnosas y coloridas ensaladas.

Al cortarte por el medio
encontramos tus capas.
Ellas dan cuenta  lo que has vivido,
tus sufrimientos y bonanzas.

Por arriba y desde el centro
de tu forma de corazón
nacen tus hojas.
Tus hojas  enredadas
semejantes a  venas
entrelazadas.

Sólo con tocarte
aparece tu sangre.
Sangre dulce y púrpura.
Sangre que todo lo tiñe.
Tu jugo que contamina,
envuelve e invade
todo lo que se acerca.

Tu esmerado corazón
termina en una punta
que incansablemente
busca la profundidad
donde habita el agua.

Ese agua que te da la vida.








Selección de "Odas elementales" (1954) de Pablo Neruda


ODA AL PAN
Pan,
con harina,
agua
y fuego
te levantas.
Espeso y leve,
recostado y redondo,
repites
el vientre
de la madre,
equinoccial
germinación
terrestre.
Pan,
qué fácil
y qué profundo eres:
en la bandeja blanca
de la panadería
se alargan tus hileras
como utensilios, platos
o papeles,
y de pronto,
la ola
de la vida,
la conjunción del germen
y del fuego,
creces, creces
de pronto
como
cintura, boca, senos,
colinas de la tierra,
vidas,
sube el calor, te inunda
la plenitud, el viento
de la fecundidad,
y entonces
se inmoviliza tu color de oro,
y cuando se preñaron
tus pequeños vientres,
la cicatriz morena
dejó su quemadura
en todo tu dorado
sistema
de hemisferios.
Ahora,
intacto,
eres
acción de hombre,
milagro repetido,
voluntad de la vida.
Oh pan de cada boca,
no
te imploraremos,
los hombres
no somos
mendigos
de vagos dioses
o de ángeles oscuros:
del mar y de la tierra
haremos pan,
plantaremos de trigo
la tierra y los planetas,
el pan de cada boca,
de cada hombre,
en cada día,
llegará porque fuimos
a sembrarlo
y a hacerlo,
no para un hombre sino
para todos,
el pan, el pan
para todos los pueblos
y con él lo que tiene
forma y sabor de pan
repartiremos:
la tierra,
la belleza,
el amor,
todo eso
tiene sabor de pan,
forma de pan,
germinación de harina,
todo
nació para ser compartido,
para ser entregado,
para multiplicarse.
Por eso, pan,
si huyes
de la casa del hombre,
si te ocultan,
te niegan,
si el avaro
te prostituye,
si el rico
te acapara,
si el trigo
no busca surco y tierra,
pan,
no rezaremos,
pan,
no mendigaremos,
lucharemos por ti con otros hombres
con todos los hambrientos,
por todos los ríos y el aire
iremos a buscarte,
toda la tierra la repartiremos
para que tú germines,
y con nosotros
avanzará la tierra:
el agua, el fuego, el hombre
lucharán con nosotros.
Iremos coronados
con espigas,
conquistando
tierra y pan para todos,
y entonces
también la vida
tendrá forma de pan,
será simple y profunda,
innumerable y pura.
Todos los seres
tendrán derecho
a la tierra y a la vida,
y así será el pan de mañana
el pan de cada boca,
sagrado,
consagrado,
porque será el producto
de la más larga y dura
lucha humana.
No tiene alas
la victoria terrestre:
tiene pan en sus hombros,
y vuela valerosa
liberando la tierra
como una panadera
conducida en el viento.

Pablo Neruda


Oda a las papas fritas
Chisporrotea
en el aceite
hirviendo
la alegría
del mundo:
las papas
fritas
entran
en la sartén
como nevadas
plumas
de cisne
matutino
y salen
semi doradas por el crepitante
ámbar de las olivas.
El ajo
les añade
su terrenal fragancia,
la pimienta,
polen que atravesó los arrecifes,
y
vestidas
de nuevo
con traje de marfil, llenan el plato
con la repetición de su abundancia
y su sabrosa sencillez de tierra.

Pablo Neruda


ODA A LA SANDÍA
El árbol del verano
intenso,
invulnerable,
es todo cielo azul,
sol amarillo,
cansancio a goterones,
es una espada
sobre los caminos,
un zapato quemado
en las ciudades:
la claridad, el mundo
nos agobian,
nos pegan en los ojos
con polvareda,
con súbitos golpes de oro,
nos acosan
los pies
con espinitas,
con piedras calurosas,
y la boca
sufre
más que todos los dedos:
tienen sed
la garganta,
la dentadura,
los labios y la lengua:
queremos
beber las cataratas,
la noche azul,
el polo,
y entonces
cruza el cielo
el más fresco de todos
los planetas,
la redonda, suprema
y celestial sandía.
Es la fruta del árbol de la sed.
Es la ballena verde del verano.
El universo seco
de pronto
tachonado
por este firmamento de frescura
deja caer
la fruta
rebosante:
se abren sus hemisferios
mostrando una bandera
verde, blanca, escarlata
que se disuelve
en cascada, en azúcar,
¡en delicia!
¡Cofre de agua, plácida
reina
de la frutería,
bodega
de la profundidad, luna
terrestre!
¡Oh pura,
en tu abundancia
se deshacen rubíes
y uno
quisiera
morderte
hundiendo
en ti
la cara,
el pelo,
el alma!
Te divisamos
en la sed
como
mina o montaña
de espléndido alimento,
pero te conviertes
entre la dentadura y el deseo
en sólo
fresca luz
que se deslíe,
en manantial
que nos tocó
cantando.
Y así
no pesas,
sólo
pasas
y tu gran corazón de brasa fría
se convirtió en el agua
de una gota.

Pablo Neruda

ODA A LA PAPA
Papa,
te llamas,
papa
y no patata,
no naciste con barba,
no eres castellana:
eres oscura
como
nuestra piel,
somos americanos,
papa
somos indios.
Profunda
y suave eres,
pulpa pura, purísima
rosa blanca
enterrada,
floreces,
allá adentro
en la tierra,
en tu lluviosa
tierra
originaria
en las islas mojadas
de Chile tempestuoso,
en Chiloé marino,
en medio de la esmeralda que abre
su luz verde
sobre el austral océano.
Honrada eres
como
una mano
que trabaja en la tierra,
familiar
eres
como
una gallina,
compacta como un queso
que la tierra elabora
en sus ubres
nutricias,
enemiga del hambre,
en todas
las naciones
se enterró tu bandera
vencedora
y pronto allí
en el frío o en la costa
quemada
apareció
tu flor
anónima
anunciando la espesa
y suave
natalidad de tus raíces
Universal delicia,
no esperabas
mi canto,
porque eres sorda
y ciega
y enterrada.
Apenas si hablas en el infierno
del aceite
o cantas en las freiduras
de los puertos,
cerca de las guitarras,
silenciosa,
harina de la noche
subterránea,
tesoro interminable
de los pueblos.

Pablo Neruda

ODA A LA CEBOLLA
Cebolla
luminosa redoma,
pétalo a pétalo
se formó tu hermosura,
escamas de cristal te acrecentaron
y en el secreto de la tierra oscura
se redondeó tu vientre de rocío.
Bajo la tierra
fue el milagro
y cuando apareció
tu torpe tallo verde,
y nacieron
tus hojas como espadas en el huerto,
la tierra acumuló su poderío
mostrando tu desnuda transparencia,
y como en Afrodita el mar remoto
duplicó la magnolia
levantando sus senos,
la tierra
así te hizo,
cebolla,
clara como un planeta,
y destinada
a relucir,
constelación constante,
redonda rosa de agua,
sobre
la mesa
de las pobres gentes.
Generosa
deshaces
tu globo de frescura
en la consumación
ferviente de la olla,
y el jirón de cristal
al calor encendido del aceite
se transforma en rizada pluma de oro.
También recordaré cómo fecunda
tu influencia el amor de la ensalada
y parece que el cielo contribuye
dándote fina forma de granizo
a celebrar tu claridad picada
sobre los hemisferios de un tomate.
Pero al alcance
de las manos del pueblo,
regada con aceite,
espolvoreada
con un poco de sal,
matas el hambre
del jornalero en el duro camino.
Estrella de los pobres,
hada madrina
envuelta
en delicado
papel, sales del suelo,
eterna, intacta, pura
como semilla de astro,
y al cortarte
el cuchillo en la cocina
sube la única lágrima
sin pena.
Nos hiciste llorar sin afligirnos.
Yo cuanto existe celebré, cebolla,
pero para mí eres
más hermosa que un ave
de plumas cegadoras,
eres para mis ojos
globo celeste, copa de platino,
baile inmóvil
de anémona nevada
y vive la fragancia de la tierra
en tu naturaleza cristalina.

Pablo Neruda


Oda a la alcachofa

La alcachofa
de tierno corazón
se vistió de guerrero,
erecta, construyó
una pequeña cúpula,
se mantuvo
impermeable
bajo
sus escamas,
a su lado
los vegetales locos
se encresparon,
se hicieron
zarcillos, espadañas,
bulbos conmovedores,
en el subsuelo
durmió la zanahoria
de bigotes rojos,
la viña
resecó los sarmientos
por donde sube el vino,
la col
se dedicó
a probarse faldas,
el orégano
a perfumar el mundo,
y la dulce
alcachofa
allí en el huerto,
vestida de guerrero,
bruñida
como una granada,
orgullosa,
y un día
una con otra
en grandes cestos
de mimbre, caminó
por el mercado
a realizar su sueño:
la milicia.
En hileras
nunca fue tan marcial
como en la feria,
los hombres
entre las legumbres con sus camisas blancas
eran
mariscales
de las alcachofas,
las filas apretadas,
las voces de comando,
y la detonación
de una caja que cae,
pero
entonces
viene
María
con su cesto,
escoge
una alcachofa,
no le teme,
la examina, la observa
contra la luz como si fuera un huevo,
la compra,
la confunde
en su bolsa
con un par de zapatos,
con un repollo y una
botella
de vinagre
hasta
que entrando a la cocina
la sumerge en la olla.
Así termina
en paz
esta carrera
del vegetal armado
que se llama alcachofa,
luego
escama por escama
desvestimos
la delicia
y comemos
la pacífica pasta
de su corazón verde.

Pablo Neruda

Oda al Tomate

La calle
se llenó de tomates,
mediodia,
verano,
la luz
se parte
en dos
mitades
de tomate,
corre
por las calles
el jugo.
En diciembre
se desata
el tomate,
invade
las cocinas,
entra por los almuerzos,
se sienta
reposado
en los aparadores,
entre los vasos,
las matequilleras,
los saleros azules.
Tiene
luz propia,
majestad benigna.
Debemos, por desgracia,
asesinarlo:
se hunde
el cuchillo
en su pulpa viviente,
es una roja
viscera,
un sol
fresco,
profundo,
inagotable,
llena las ensaladas
de Chile,
se casa alegremente
con la clara cebolla,
y para celebrarlo
se deja
caer
aceite,
hijo
esencial del olivo,
sobre sus hemisferios entreabiertos,
agrega
la pimienta
su fragancia,
la sal su magnetismo:
son las bodas
del día
el perejil
levanta
banderines,
las papas
hierven vigorosamente,
el asado
golpea
con su aroma
en la puerta,
es hora!
vamos!
y sobre
la mesa, en la cintura
del verano,
el tomate,
astro de tierra,
estrella
repetida
y fecunda,
nos muestra
sus circunvoluciones,
sus canales,
la insigne plenitud
y la abundancia
sin hueso,
sin coraza,
sin escamas ni espinas,
nos entrega
el regalo
de su color fogoso
y la totalidad de su frescura.

Pablo Neruda







Por Oscar Villafañez

Breverías: Las siguientes no son más que la que dejan la mamá pata y sus patitos

1)En la vara del jardín han brotado copos de nardos.

2)Los murciélagos regresan en la noche haciendo zig-zag.

3)Tréboles florecidos, paisaje de bolsillo. 

4)La madre con su suspiro hace girar el molinete de su hijo.

5)¡Cuidado! Duraznero recién pintado.

6)Por la noche cruza un loto meditabundo.

7)La mañana lanza su enésima edición del diario “El Sol”.

8)Álamo sensor del aire: temblequea al más tenue soplo.

9)El murciélago es la sombra sonámbula de la golondrina.

10)De la palangana en el patio la lluvia hace marimba.

11)El sol recoge el azulgrana para prestárselo a los japonecitos que marchaban hacia la escuela.






GREGUERÍAS por Adriana Rolando 


“Los lentes son hermanos siameses que aún no han logrado separarse”

“Herradura de soldados blancos que cuidan la lengua es nuestra dentadura”

“Las moras son diminutos racimos de uvas achicados por el sol que nos provocan”

“Los pies son hermanos mellizos. A veces se adelanta uno, a veces el otro”

“Cañería sin personalidad es la manguera”

“Especialización: Estupidización”






Selección de “Greguerías”, de Ramón Gómez de la Serna (1888, Madrid - 1963, Buenos Aires)

Daba besos de segunda boca.

El amor nace del deseo repentino de hacer eterno lo pasajero.

En la manera de matar la colilla contra el cenicero se reconoce a la mujer cruel.

Aquella mujer me miró como a un taxi desocupado.

Hay matrimonios que se dan la espalda mientras duermen para que el uno no le robe al otro los sueños ideales.

El libro es un pájaro con más de cien alas para volar.

Tocar la trompeta es como beber música empinando el codo.

El escritor quiere escribir su mentira y escribe su verdad.

La lagartija es el broche de las tapias.

La inmortalidad del cangrejo consiste en andar hacia atrás, rejuveneciéndose hacia el pasado.

Las manchas blancas que presentan las vacas en la piel oscura se deben al reflejarse las nubes sobre ellas.

El león tiene altavoz propio.

La jirafa es un caballo alargado por la curiosidad.

El cocodrilo es un zapato desclavado.

Las hormigas llevan el paso apresurado como si las fuesen a cerrar la tienda.

¿Y si las hormigas fuesen ya los marcianos establecidos en la tierra?

Nerviosismo de la ciudad: no poder abrir el paquetito de azúcar para el café.

Al oír la sirena parece que el barco se suena la nariz.

El farol cubierto por la enredadera hay un momento en que duda si es enredadera o farol.

La llave nos gasta la broma de hacer como que no es de la cerradura que es.

De perder los guantes perded los dos: es mucho menos conflicto.

Meteorología: mentirología.                                                                  

Al cerrar los ojos vemos letras chinas.

El reloj no existe en las horas felices.

La cabeza es la pecera de las ideas.

El Creador guarda las llaves de todos los ombligos.

Tenía orejas ideales para sostener el lápiz, y por eso hubo que dedicarle al comercio.


Collar de perlas: dentadura postiza para la garganta.

Al cepillarnos, el cepillo nos dice algo en voz baja.

Después de usar el dentífrico nos miramos los dientes con gestos de fieras.

Abrir un paraguas es como disparar contra la lluvia.

El sombrero que vuela parece que se ha escapado con todas las ideas del que corre detrás de él.

Lo único que comen las puertas son esas nueces que las damos a partir.

Cuando asomados a la ventanilla echa a andar el tren robamos adioses que no eran para nosotros.

En el fondo de los espejos hay un fotógrafo agazapado.

Tenía tan mala memoria que se olvidó que tenía mala memoria y comenzó a recordarlo todo.

Tenía una risa de caja de betún entreabierta.

De lo que se habla en la oscuridad queda copia en papel carbono.

La ü con diéresis es como la letra malabarista del abecedario.

Trueno: caída de un baúl por las escaleras del cielo.

Las primeras gotas de la tormenta bajan a ver si hay tierra en que aterrizar.

El arcoiris es la cinta que se pone la naturaleza después de haberse lavado la cabeza.

El polvo está lleno de viejos y olvidados estornudos.

El musgo es el peluquín de las piedras.                                                                            

El agua se suelta el pelo en las cascadas.

La coliflor es un cerebro vegetal que nos comemos.

Unid todas las estrellas con línea de lápiz luminoso y resultará la silueta de Dios.

Los pinos tienen el flequillo cortado.

De la nieve caída en los lagos nacen los cisnes.                                             

En la gruta bosteza la montaña.

Motocicleta: cabra loca.                                                                            

El café con leche es una bebida mulata.

Hay ventiladores que se sienten obispos y no hacen más que dar bendiciones a su alrededor.

Al sacapuntas no le interesa sacar punta al lápiz, sino hacer tirabuzones.

En la noche helada cicatrizan todos los charcos.

Escrito por Jacinta Choque

“El concepto que tengo del mate cebado”


Yerba, mate y bombilla son un trío inseparable. Si falta alguno de los tres no es posible el cebado del mate. Cebar el mate consiste en una especie de ceremonia que incluye depositar la yerba en el mate o pequeña calabacita,  sacudirlo tapando su boca para que el material más fino quede arriba, humedecer la yerba con agua fría e introducir la bombilla. Los primeros mates con agua, que se calienta de a poco y nunca debe superar los 80 grados, son para el cebador. Luego comienza a cebar uno por uno a los distintos integrantes de la ronda. Eso hablando muy científicamente. Pero para mí en lo personal recuerdo que todo empezó cuando me juntaba con mis compañeros de trabajo en mi querida UNIÓN DE ORGANIZACIONES DE BASE. Siempre se empezaba haciendo una ronda en el centro del salón o en donde estuviéramos cómodos. Siempre estaba la cebadora, que preparaba el equipo de mate. Los primeros siempre eran amargos o hasta a veces se escapaba un pequeño palo por la bombilla y terminaba entre los dientes. Lo peor era cuando se tapaba y surgían dichos como "te están metiendo los cuern....." y empezaba la risotada en el grupo. Esos años fueron muy hermosos para mí porque detrás de cada mate renacía la amistad y el compañerismo.  He probado un sin fin de mates cebados, unos dulces, otros amargos, otros muy largos y los que eran saborizados con hierbas serranas mmmmm, esos eran los más ricos. Me hacían acordar a mi infancia cuando mi mamita me hacía el mate cocido y ella siempre le agregaba esos yuyitos tan ricos. Por eso quiero decir que para mí el mate cebado fue una puerta para conocer gente hermosa e intercambiar anécdotas o experiencias con otros barrios. Gracias por brindarme este espacio cultural. Para finalizar confieso que les mentí. Hacen falta cuatro cosas concretas para cebar, falta la Pava. Jajajaja!!!!!