Selección de “Greguerías”, de Ramón Gómez de la
Serna (1888, Madrid - 1963, Buenos
Aires)
Daba
besos de segunda boca.
El amor
nace del deseo repentino de hacer eterno lo pasajero.
En la
manera de matar la colilla contra el cenicero se reconoce a la mujer cruel.
Aquella
mujer me miró como a un taxi desocupado.
Hay
matrimonios que se dan la espalda mientras duermen para que el uno no le robe
al otro los sueños ideales.
El libro
es un pájaro con más de cien alas para volar.
Tocar la
trompeta es como beber música empinando el codo.
El
escritor quiere escribir su mentira y escribe su verdad.
La
lagartija es el broche de las tapias.
La
inmortalidad del cangrejo consiste en andar hacia atrás, rejuveneciéndose hacia
el pasado.
Las
manchas blancas que presentan las vacas en la piel oscura se deben al
reflejarse las nubes sobre ellas.
El león
tiene altavoz propio.
La
jirafa es un caballo alargado por la curiosidad.
El
cocodrilo es un zapato desclavado.
Las
hormigas llevan el paso apresurado como si las fuesen a cerrar la tienda.
¿Y si
las hormigas fuesen ya los marcianos establecidos en la tierra?
Nerviosismo
de la ciudad: no poder abrir el paquetito de azúcar para el café.
Al oír
la sirena parece que el barco se suena la nariz.
El farol
cubierto por la enredadera hay un momento en que duda si es enredadera o farol.
La llave
nos gasta la broma de hacer como que no es de la cerradura que es.
De
perder los guantes perded los dos: es mucho menos conflicto.
Meteorología:
mentirología.
Al
cerrar los ojos vemos letras chinas.
El reloj
no existe en las horas felices.
La
cabeza es la pecera de las ideas.
El
Creador guarda las llaves de todos los ombligos.
Tenía
orejas ideales para sostener el lápiz, y por eso hubo que dedicarle al
comercio.
Collar
de perlas: dentadura postiza para la garganta.
Al
cepillarnos, el cepillo nos dice algo en voz baja.
Después
de usar el dentífrico nos miramos los dientes con gestos de fieras.
Abrir un
paraguas es como disparar contra la lluvia.
El
sombrero que vuela parece que se ha escapado con todas las ideas del que corre
detrás de él.
Lo único
que comen las puertas son esas nueces que las damos a partir.
Cuando
asomados a la ventanilla echa a andar el tren robamos adioses que no eran para
nosotros.
En el
fondo de los espejos hay un fotógrafo agazapado.
Tenía
tan mala memoria que se olvidó que tenía mala memoria y comenzó a recordarlo
todo.
Tenía
una risa de caja de betún entreabierta.
De lo
que se habla en la oscuridad queda copia en papel carbono.
La ü con
diéresis es como la letra malabarista del abecedario.
Trueno:
caída de un baúl por las escaleras del cielo.
Las
primeras gotas de la tormenta bajan a ver si hay tierra en que aterrizar.
El
arcoiris es la cinta que se pone la naturaleza después de haberse lavado la
cabeza.
El polvo
está lleno de viejos y olvidados estornudos.
El musgo
es el peluquín de las piedras.
El agua
se suelta el pelo en las cascadas.
La
coliflor es un cerebro vegetal que nos comemos.
Unid
todas las estrellas con línea de lápiz luminoso y resultará la silueta de Dios.
Los
pinos tienen el flequillo cortado.
De la
nieve caída en los lagos nacen los cisnes.
En la
gruta bosteza la montaña.
Motocicleta:
cabra loca.
El café
con leche es una bebida mulata.
Hay
ventiladores que se sienten obispos y no hacen más que dar bendiciones a su
alrededor.
Al
sacapuntas no le interesa sacar punta al lápiz, sino hacer tirabuzones.
En la
noche helada cicatrizan todos los charcos.
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