viernes, 3 de noviembre de 2017

Selección de “Greguerías”, de Ramón Gómez de la Serna (1888, Madrid - 1963, Buenos Aires)

Daba besos de segunda boca.

El amor nace del deseo repentino de hacer eterno lo pasajero.

En la manera de matar la colilla contra el cenicero se reconoce a la mujer cruel.

Aquella mujer me miró como a un taxi desocupado.

Hay matrimonios que se dan la espalda mientras duermen para que el uno no le robe al otro los sueños ideales.

El libro es un pájaro con más de cien alas para volar.

Tocar la trompeta es como beber música empinando el codo.

El escritor quiere escribir su mentira y escribe su verdad.

La lagartija es el broche de las tapias.

La inmortalidad del cangrejo consiste en andar hacia atrás, rejuveneciéndose hacia el pasado.

Las manchas blancas que presentan las vacas en la piel oscura se deben al reflejarse las nubes sobre ellas.

El león tiene altavoz propio.

La jirafa es un caballo alargado por la curiosidad.

El cocodrilo es un zapato desclavado.

Las hormigas llevan el paso apresurado como si las fuesen a cerrar la tienda.

¿Y si las hormigas fuesen ya los marcianos establecidos en la tierra?

Nerviosismo de la ciudad: no poder abrir el paquetito de azúcar para el café.

Al oír la sirena parece que el barco se suena la nariz.

El farol cubierto por la enredadera hay un momento en que duda si es enredadera o farol.

La llave nos gasta la broma de hacer como que no es de la cerradura que es.

De perder los guantes perded los dos: es mucho menos conflicto.

Meteorología: mentirología.                                                                  

Al cerrar los ojos vemos letras chinas.

El reloj no existe en las horas felices.

La cabeza es la pecera de las ideas.

El Creador guarda las llaves de todos los ombligos.

Tenía orejas ideales para sostener el lápiz, y por eso hubo que dedicarle al comercio.


Collar de perlas: dentadura postiza para la garganta.

Al cepillarnos, el cepillo nos dice algo en voz baja.

Después de usar el dentífrico nos miramos los dientes con gestos de fieras.

Abrir un paraguas es como disparar contra la lluvia.

El sombrero que vuela parece que se ha escapado con todas las ideas del que corre detrás de él.

Lo único que comen las puertas son esas nueces que las damos a partir.

Cuando asomados a la ventanilla echa a andar el tren robamos adioses que no eran para nosotros.

En el fondo de los espejos hay un fotógrafo agazapado.

Tenía tan mala memoria que se olvidó que tenía mala memoria y comenzó a recordarlo todo.

Tenía una risa de caja de betún entreabierta.

De lo que se habla en la oscuridad queda copia en papel carbono.

La ü con diéresis es como la letra malabarista del abecedario.

Trueno: caída de un baúl por las escaleras del cielo.

Las primeras gotas de la tormenta bajan a ver si hay tierra en que aterrizar.

El arcoiris es la cinta que se pone la naturaleza después de haberse lavado la cabeza.

El polvo está lleno de viejos y olvidados estornudos.

El musgo es el peluquín de las piedras.                                                                            

El agua se suelta el pelo en las cascadas.

La coliflor es un cerebro vegetal que nos comemos.

Unid todas las estrellas con línea de lápiz luminoso y resultará la silueta de Dios.

Los pinos tienen el flequillo cortado.

De la nieve caída en los lagos nacen los cisnes.                                             

En la gruta bosteza la montaña.

Motocicleta: cabra loca.                                                                            

El café con leche es una bebida mulata.

Hay ventiladores que se sienten obispos y no hacen más que dar bendiciones a su alrededor.

Al sacapuntas no le interesa sacar punta al lápiz, sino hacer tirabuzones.

En la noche helada cicatrizan todos los charcos.

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