Final del cuento HERNÁN de Abelardo Castillo
Y así fue como la apuesta tomó
vida y se convirtió en realidad…
Hernán se paró como siempre. La
Señorita Eugenia se preparó para escuchar una lección especialmente preparada
para ella imaginándola más pausada y cadenciosa después de lo sucedido.
Esto no ocurrió, Hernán con
paso firme y actitud de ganador no se dirigió a ella sino al pizarrón.
Allí pego en el medio y para
la vista de todos nosotros la última carta que le había enviado la Señorita
Eugenia, prueba irrefutable de haber aceptado un encuentro en su casa.
En el hecho quedaron plasmados
la inteligencia, audacia, crueldad e
insensibilidad de Hernán que fue condecorada con el hurtado “escapulario
de la Señorita Eugenia” y la vulnerabilidad de una persona que sólo
cometió el pecado de enamorarse de uno
de sus alumnos.
Adriana Rolando
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