Historia de la papa
por D. Jorge Fernández Nogueira (Gastrónomo)
La papa o patata, nombre
científico: solanum tuberosum, es una
especie perteneciente a la familia de las solanáceas, originaria de América del
Sur y cultivada en todo el mundo por sus tubérculos comestibles. El cultivo de la
papa se inició, aproximadamente, hace más de 7.000 años en Perú, propagándose
rápidamente por América. Fue llevada a Europa en el siglo XVI, luego de la
conquista, junto con otros alimentos como el tomate, el maíz, el calabacín, el
pimiento y el cacao. En poco tiempo se empezó a cultivar en varios países
europeos, hasta convertirse en la actualidad en uno de los alimentos básicos.
Una vieja leyenda andina cuenta
que los hombres cultivadores de la quinua dominaron a los pueblos de las
sierras altas y, con el fin de dejarlos morir lentamente, les robaban las
cosechas. Al borde de la muerte, los pobres hambrientos clamaron al cielo y
éste les dejó caer unas semillas redondas y carnosas. Los dominadores no se
opusieron a la siembra, con la idea de que una vez la planta estuviera en flor,
la recogerían ellos y dejarían a los cosechadores al borde de la hambruna.
Cuando las plantas empezaron a amarillear, los opresores segaron los campos y
se llevaron lo que parecía una excelente cosecha de verduras. Desconsolados y
moribundos de hambre, los campesinos pidieron de nuevo al cielo que les ayudara
y una voz desde las alturas les dijo:
Removed la tierra y sacad los frutos, que allí los he escondido para
burlar a los hombres malos y enaltecer a los buenos.
Así lo hicieron y, bajo el suelo
aparentemente asolado por el enemigo, aparecieron aquellas hermosas papas que
fueron recogidas y guardadas con gran secreto. Añadiendo una porción de papa a
su pobre dieta, muy pronto se restablecieron, retomaron sus fuerzas y lograron
echar a los invasores que huyeron sin regresar jamás a perturbar la paz de las
montañas.
La papa se cultivó
organizadamente en áreas montañosas de los Andes donde no crecía el maíz, que
era el alimento principal de los Incas. El explorador español Gonzálo Jiménez
de Quesada, la descubrió en 1537, llegando a España hacia 1560 a manos de Pedro
Cieza de León. Fueron presentadas a Carlos I y algunos ejemplares se enviaron
al papa Julio II como curiosidad botánica. Adornaron los jardines de Roma
durante muchos años antes de ser consideradas comestibles. De España pasó a
Portugal, Italia y Francia. A Inglaterra llegó sobre 1586 y en 1610 a Holanda y
se uso al principio como planta de adorno. Sólo los más pobres la comían. Fue
un farmacéutico francés, Antonio Augusto Parmentier, quien la dio a conocer en
toda Francia como gesto de agradecimiento al sobrevivir gracias a ella cuando
fue hecho prisionero por los prusianos. Parmentier afirmó que las papas habían
salvado de morir de hambre a miles de prisioneros cuando regaló sus flores al
rey Luis XVI en una recepción en el palacio de Versalles con motivo de su
cumpleaños. Así empieza la segunda parte de la historia de la papa que ya es
exclusivamente culinaria: la de las mil y una recetas para degustar este
magnífico alimento.
La papa tiene una diversidad de
formas de preparación que admite tanto como plato único como de acompañamiento
de otros ingredientes principales. Pero hay dos formas de prepararlas que
destacan de las otras, una anglosajona, las papas fritas o “chips” y otra
española, “la tortilla”. Sólo con las variedades y trucos de estas dos
preparaciones podríamos escribir varios libros, pero se pueden dar unas breves
pinceladas sobre la historia de estas dos recetas.
Las papas fritas se dice que las
hizo por primera vez en 1853 un cocinero indo-americano llamado George Crum en
un hotel de Saratoga Springs en el estado de Nueva York (EE.UU.). El nuevo
plato se preparó para un tal Cornelius Vanderbilt, magnate ferroviario y
cliente exigente que se quejaba constantemente cuando sus papas no estaban
cortadas lo suficientemente finas y las mandaba de vuelta a la cocina. Después
de devolverle el plato en varias ocasiones, el cocinero decidió darle una
lección al puntilloso cliente. Cortó las papas en rodajas tan finas que se
podían ver al trasluz, les dio una vuelta en aceite hirviendo hasta que se
pusieron crujientes y doradas. Pero el tiro le salió por la culata ya que las
papas que salieron fueron todo un éxito y se convirtieron en el plato por
excelencia de aquel hotel y más tarde de casi todos los restaurantes y
cafeterías del mundo. Hoy se producen en los cinco continentes, se envasan y
distribuyen en todo el mundo y sus fabricantes europeos facturan miles de
millones por la venta de papas fritas.
La otra gran preparación de las
papas es en tortilla. Una receta genuinamente española que forma parte de todas
las gastronomías regionales de España, hasta el punto que hoy
internacionalmente se conoce como Tortilla Española. A nadie se le había
ocurrido antes el unir sobre una base ligera de grasa (aceite) a las papas con
los huevos. Hoy forman parte de un exquisito maridaje no exento de talento a la
hora de hacer la receta.
También Rusia palió sus hambrunas
con la papa y, un dato curioso, hizo de ella la base de la elaboración de su
bebida nacional: el vodka.
Estamos pues ante la papas, uno de
los alimentos más polivalentes de la historia de la cocina mundial al que el
hombre todavía puede echarle más imaginación culinaria e interés gastronómico.
Nada más y nada menos.
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