“La hora de la papa”
Por Graciela Campos
Sentado en el bar, ese, que
siempre nos juntamos a almorzar. Te vi de lejos, absorto, con la mirada perdida
y pensando vaya a saber cuántas cosas. Me acerco y solo levantas la vista para
ver quién es, se te dibuja una sonrisa y un ademán para levantarte y correr la
silla, ese gesto tan amable y de caballerosidad. Te saludo y entablamos una
charla que dejamos en suspenso. Nos une un Gran Amor, que comenzó en un
supermercado, en el cual los dos tomamos una misma papa. Con las disculpas
correspondientes, y al ver que yo llevaba bastante cantidad, tu curiosidad no
pudo y preguntaste que cocinaría con tres kilos de papas. “Pues”, comenté, “llevo
la oferta y para toda la semana, y para no venir de nuevo”. Y vos con una sonrisa
contestaste: “es mucha y se echan a perder y sería interesante verte otra vez”.
De ahí surgió una invitación a almorzar, unos ricos ñoquis caseros, lo cual nos
llevó a otra cena, y a una relación sentimental, que solo comenzó por el roce
de nuestras manos en una simple, nutritiva y generosa papa.
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